Jose David Vázquez García - 04-02-2008 23:19:44 | Categoria:
Poesía
( Memoria reciente de un viaje a Sevilla )
I
Ahora que ya es de noche y estoy lejos de ella
veo caer de nuevo la tarde sobre los edificios de Sevilla.
El cielo tornándose del color de la mar
hacia donde el Guadalquivir fluye mansamente
como esa muchacha morena que caminaba la calle Alfonso XIII
en dirección hacia quien sabe qué inspiración mojada por ardientes estrellas
que reflejaban tras sus pestañas de plata
los instantes en que se desahoga la luz
del tránsito turbio de la noche
y del humo que escupen los motores de coches y autobuses
cargados de viajeros.
II
Muchacha morena y solitaria de pantalón oscuro
y silenciosos pasos dirigidos hacia ignorados rumbos
de pronto quise que fueras un vaso de agua tibia
un delicioso brebaje de yerbas y miel
hecho para saciar la sed beso por beso con su sola presencia
sed de madera y aire
que agita como llamas los ojos del que sueña
sobre la sed ( tan otra ) que arrebata a la frente de un amante enclaustrado
en jardines de olvido y de tristeza
los hirientes aromas que se esfuerzan por ser sembrados en el aire
como ángeles nocturnos
que buscan una nube y una manta para dormir.
III
Huelo indómitas flores de la pasión
dormidas en la seguridad que les ofrece el olor frío del nácar
que forma las garras felinas del deseo
garras que son la tierra que nos lleva a su seno
trae hacia mi tu inevitable abrazo.
IV
Dibujados en las sombras
de la tarde que envuelve con sus surcos el tiempo
no alcanzamos a medir esas huellas que se graban
en el eterno y desdichado caos de los fractales
que nos unen a todo cuando nada se aleja.
V
Vas trayendo a mi pecho el desasosiego de una ilusoria despedida
forjando en el presente joyas que acarician con el vaho que producen los suspiros
los rebeldes fotones que atraviesan tiñendo de rubio la melena ya cana de Sevilla
para que ante su espejo recuerde su memoria
y el espejo descanse de su innoble vacío.
VI
Te dedico estos versos mujer inexpugnable
que vas poblando a mi ansia con naranjas amargas y excrementos de caballo
mientras te confundes con un paisaje que en ocasiones te omite
cubriendo y sepultando de un vistazo la tierra que pisabas
colmando así el origen de los días que se pierden
como flechas lanzadas hacia horizontes jamás dibujados.
Dispón a cambio tu sobre mis sienes frágiles
tras cálculos estériles sobre mi ser tu aliento
que me revela el miedo que nos mece y agita
como al alma de un niño la ausencia de su madre
en cuyo pecho late la escala de mil nanas dormidas en el verbo.
VII
Mujer
en tu sonrisa delicada, invisible
las lágrimas se secan hasta que escupes sobre la arena tu saliva
el deseo que me despiertas al recordarte caminando
me hace sentir mugidos de un ganado de bronce
pastando de mi pecho
y como un pastor alumbrado por las heladas llamas que quieren darle una imagen a rostros reunidos cual polillas junto a la luz
siento abrirse a mis ojos cansados de recibir el maligno influjo de la hibris de esta ciudad de iglesias y toreros.
VIII
Talla en mi rostro un llanto de lágrimas flamígeras
un incendio de lágrimas
que desciendan por las mejillas pálidas del frío olvido
silenciosa la luna ante tus ojos negros
mana en el vaso oscuro de tu vientre
mana desde la lluvia
sobre sus propios charcos
abriendo en ellos círculos perfectos
como palabras mudas tras la máscara triste de la poesía salvaje.
Jose David Vázquez García - 30-01-2008 19:56:01 | Categoria:
Poesía
La brisa del aire acondicionado
dispersa el humo del cigarrillo.
Deseo viajar
desde la montaña al mar
desde la selva al desierto
buscando la salida
de los laberintos espaciotemporales
de cada ciudad que visito en el trayecto.
¿ Pero soy yo el que atraviesa el espacio
o es el tiempo el que pasa a través de un yo detenido por el anhelo y la esperanza
en un escenario desolador
como un llanto cruelmente eficaz
de obscenas lágrimas que el deseo de sosiego y perfección reprime
desconsoladamente ?
Me hago preguntas como esta mientras viajo
a la caza del fantasma de un escritor
que tal vez apesadumbrado por su obra
o quizá porque absorto en su vida
sin dejar la vista fija en ningún muro
sin detener su atención en la conversación de nadie
solo con la sombra que le precede o sigue y un compañero mudo que le busca para darle caza
y a veces por la noche incluso sin la sombra
o con la sombra unida a un universo oscuro
alumbrado por los sonidos del bosque con el que sueña su desaparición
acaso se pregunte lo mismo que yo.
Jose David Vázquez García - 30-01-2008 19:51:21 | Categoria:
Poesía
Se acabaron las fantasías
el resplandor
la penumbra
Se acabaron los amigos que trataban de impedir
que Sócrates bebiese la cicuta
los púdicos relatos
de princesas,
dragones
y príncipes armados
de plateadas espadas
se acabaron
y llegaron las máscaras
con un gesto procaz
hasta los pies de una danza
alfombrada por hojas
húmedas tras la lluvia.
Los corazones apresados
por el hechizo de las rosas que germinan
en el jardín de la primavera
durante un sangriento ocaso
a la vera de lagos
y ríos artificiales
donde junto a los sauces babilónicos
anidan las cotorras
mientras hieden las aguas estancadas
Se acabaron.
Si esos ojos no vuelven
hacia mi con su brillo
si tu sonrisa no hace
que sueñe un mar amargo
donde ahogarme
por fin
intentando atrapar
esa pálida luna que me susurra nanas
infladas por la pálida luz que une la locura
y los cielos nocturnos.
Se acabaron
las fúnebres regiones
en las que se mataban
los amantes
y llegó ya la hora
de ser
un diablo más
paseando por las calles de los versos salvajes
donde la negra baila
y un poeta se cerciora de que está
devorando las cadenas
que produjeron su amor.
Jose David Vázquez García - 30-01-2008 19:47:21 | Categoria:
Poesía
Versos sueltos
desencadenados como por arte de magia
de fúnebres regiones en las que el tiempo muere
en páramos salvajes sobre los que la gloria
arrebata a los sencillos duendes de los bosques de la literatura silvestre
en la lucha constante por la supervivencia
de la luz
ángeles no nacidos
y sombras de la eternidad
que se hacen ramas y pozos
y surcan los anhelos con su gesto invencible.
Jose David Vázquez García - 27-12-2007 01:31:26 | Categoria:
Poesía
Claro que te recuerdo
te diría
Te vi en algunos sueños
estos días
y tu imagen resuena
en mi memoria
cual la canción de un agua
dulce
y agria a la vez
anidando a la sombra
de las nubes
sobre los campanarios
de iglesias que dibujo
con el humo en el aire
al regresar de noche
y durante un frío invierno
cual plateada cigüeña
que alimenta a sus crías
con un soplido frío
hasta que solas cruzan
con su vuelo
el aire
que las separa de las estrellas.
Pero antes de que suenen las campanas
escucha mis palabras
porque también recuerdo
la maleta de Ondongo.
Le he vuelto a ver
Solo eso
Solo verle pues él
no quiere hablarme a mi ya
de su vida
Bueno si
El dijo a voces que se iba a casar
con una mujer francesa
A gritos dijo
que el padre de ella
le pedía tres mil euros
Reía a carcajadas
Dejaba ropa escondida entre los setos del Retiro
al otro lado del río
que va a parar al estanque.
A veces él me contaba
que era un príncipe exiliado del Congo
Qué estaba aquí en Madrid
para contarle
cuentos a una princesa
que iba a casarse
con la hija del alcalde.
Decía
mientras recogía botellas
del suelo de la plaza del Dos de Mayo
Un viernes por la noche
que él había estado mucho tiempo
en la cárcel
pero que no pasaba nada
porque los negros en la cárcel
no comían
era la primera vez que le veía
pero ya era muy conocido en la plaza
¿ No comen ? Pregunté
y dando una palmada al mismo tiempo
me respondió en voz alta
desde lejos
que aprovechaban para cantar
y por si acaso
nos dejaban dudas sus palabras
explicaba
que había encendido
una vela perfumada ahí en la plaza
y que cuando llegara su padre
iban a pintar juntos
las paredes de las alcantarillas
y se iban a ir a vivir a un palacio
con unos amigos del Kurdistán
pero que hasta entonces él
seguiría viviendo ahí.
Nunca dijo porque estuvo encerrado.
Hay tanta gente dentro
y ahora bien... ¿ Para qué ?
Le recuerdo en esos días de verano
de los primeros años de este siglo
apareciendo en los jardines del retiro
con su maleta negra
sobre la que había escrito Río Congo
en letras blancas
con una brocha
ni fina ni gruesa
la misma con la que a veces
pintaba esas dos palabras
sobre coches rojos
aparcados
en las calles de Malasaña.
En esos días sacaba a bailar
a todas las chicas que lo querían
porque todas las chicas eran princesas.
Se cambiaba de ropa a cada hora.
Vestía por ejemplo con monos de trabajo
de azul e intenso color
y una vez le vi bajando las escaleras
de la plaza del Dos de Mayo
con un gesto en el rostro
que parecía tenerlo todo ganado
en una imaginaria empresa
un gesto altivo
arrogante
orgulloso
claramente fingido
mecánicamente tenso
vestido con un traje gris
y portando un maletín de cuero
y un sombrero de tela en la cabeza
mientras caían
las primeras gotas de una tormenta
de la que no recuerdo
ninguna intensidad.
Un día nos dijo
también riendo a carcajadas
que la policía municipal
le había pillado
haciendo una piscina
para que se bañara la princesa
y que le querían meter preso
otra vez por eso
“ Cuando llegaron
habían aparcado el coche
sobre la tapa de la alcantarilla
y no podía salir “
Decía siempre riendo
Recuerdo que por aquel entonces
yo dormí algunas noches
junto a una chica que
trabajaba duro cada día
para llegar a ser actriz
Al final
el policía
se había enterado
de que había más de 100.000 libros
en las estanterías de las bibliotecas de Madrid
y de nuevo está vez tampoco había pasado nada.
Ahora me dicen
comenzaba a hablar
sin que nadie le hubiera llamado
a ningún móvil
Ondongo
técnico de sonido
y tengo que llevar allí
unos alicates
un destornillador...
Me da por pensar de pronto
que él se reía de mi
con esas frases
porque unos días antes
yo le dije
que le hacía ya en el Congo reinando
Tanto tiempo sin verle
¿ Qué decirle ?
y pienso firmemente arrepentido
en lo que dije
y en lo que él me respondió
pero se que no tiene sentido arrepentirse de nada
o sentirse demasiado responsable
de lo que se dice
y si tiene sentido
yo no logro alcanzarlo
Ni quiero buscarlo más
Igual que tampoco quiero encontrar
el significado onírico de su maleta
en la que nunca supe que llevaba
y en la que acaso no llevaba nada.
Podría hablar de él
durante una hora entera
si ahora recordase
esos días
como recuerdo la serena sonrisa
que dibujan tus labios cuando asientes
a los pequeños detalles de cualquiera
de las escenas
que contemplas
podría hablar lentamente
de las tristes escenas
del dichoso pasado
que tan solo aparecen
en algunos momentos
para estorbar a los actores
que pueblan un mercado en medio del desierto
desviándoles la atención
del eterno presente
para enterrarla
en la luz que proviene
del abismo de la memoria
y convencerles de que es imposible
tratar
de adentrarse en la luz
tratar de descifrar las fórmulas con que resuelve al fin
crípticos laberintos de saber y locura.
Hoy estaba comiendo
un bocadillo turco
mientras caminaba
Y llegué
a las escaleras de la entrada
a una estación de trenes de cercanías
estaba a punto de acabar mi cena
allí sentado
esperando a un amigo
cuando pasó por delante de mi
una chica
tardé unos segundos
en darme cuenta
de que la conocía
y cuando recordé
su nombre
la llamé
ella se dio la vuelta
me reconoció
y estuvimos hablando
un par de minutos
acaso menos
de otro Jil
Al que veremos pronto
cuando la ley del estado permita
que quede en libertad
es decir
en dos meses.